Llevo dos años y (casi) un mes sin publicar. Creo que me haré (nuevamente) del vicio de escribir.
No estaba muy segura de volver a bloggear, pues me fastidian muchas cosas sobre lo que se ha convertido el internet: un egocentrismo, una fantasía del ego, un narcisismo magno, ...
Me molesta mucho también que mucha gente piense que si algo es viral en internet, entonces también lo es fuera de él; aún existe una enorme cantidad de población sin acceso si quiera a la electricidad. Nosotros los cibernautas no lo somos todo, y el compartir y comentar noticias del mundo exterior (por así llamarlo) no considero te convierta en una persona con acción o consciencia social.
El avance tecnológico es increíble, y el acceso a la información es una bendición increíble, pero también es un privilegio.
A veces me pareciera como si las redes sociales fuera el "apaciguador" (por así decirlo) de el resto de la población que tal vez podría hacer un cambio en la sociedad. Primero la televisión llenando nuestro ser de falsos ideales y realidades parciales sobre lo que nos rodea, ahora la internet convirtiéndonos en zombies narcisistas, donde nosotros mismos nos llenamos de falsos ideales y realidades de nosotros mismos.
Creo que vale la pena reflexionar un poco sobre eso, aunque yo bien sé que no soy ni la primera ni la última persona en pensarlo.
Todo esto surge de un un diálogo que tuve hoy respecto al consumo cultural y la educación. No me gusta involucrarme en problemas sociales porque me duelen mucho y siento demasiada impotencia, y este es uno de esos problemas: la represión.
Mi vocación son las artes, en toda la extensión de su palabra y más allá. Llevo siete años en la Universidad en dos Facultades diferentes, y es increíble como todos nos quejamos del bajo consumo cultural, de poca remuneración en nuestra área, de cómo no nos toman en cuenta como agentes culturales, pero sobre todo cómo todos sabemos que el problema es la educación y ninguno (me incluyo) hacemos realmente algo para cambiar las cosas.
Estoy harta de la eterna guerra entre los políticos, los empresarios y los pobres. Creo que la comunidad artística en general estamos cansados de esa constante pelea entre esos tres sectores sociales, pues es cansado cómo se tiran mierda los unos a los otros, o se dan por su lado según ciertas convicciones, y el odio y discriminación entre todos. La condición socio-económica en la que uno se encuentra no te hace ni bueno ni malo, ni mejor ni peor, ni más ni menos. Todos necesitamos de todos, pero están tan miopes y además con un espejo en frente que cuando consiguen ver más allá de su nariz sólo consiguen verse a sí mismos.
Estoy cansada de la discriminación socio-económica, tanto de parte de los que tienen más hacia los que tienen menos como de los que tienen menos hacia los que tienen más; que de manera casi innata unos actúan como si fueran más que otros, y los otros bajan la cabeza sintiéndose menos.
¿Por qué no podemos tratarnos como personas los unos a los otros? Todos somos humanos, y no escogemos dónde nacer, pero sí dónde queremos estar.
Al final lo único que nos queda es ver por uno mismo, ser congruente y seguir los principios personales.